miércoles, 12 de septiembre de 2012

UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA A LA REALIDAD HUMANA COMO REALIDAD CORPORAL


(Ponencia presentada en el Seminario de Educación física inclusiva, Universidad Central de Chile, Sede La Serena, 10 de Septiembre de 2012)
Dr. Ricardo Montes Pérez
Profesor de Filosofía y Religión
Magister en Ética Social y Desarrollo Humano
Doctor en Filosofía


Agradezco la invitación a este seminario donde se me ha encomendado la difícil misión de hablarles de los fundamentos filosóficos y sociales de la educación física. Tarea ardua que resulta imposible retratar en unos minutos. Sin embargo, pienso necesario hacer esta reflexión desde la humildad que debe presidir todo ambicioso proyecto.

Quisiera hacerme cargo de esta problemática. Sabiendo que es un asunto del que podríamos abordarlo desde diversas perspectivas y ninguna de ellas resultaría tan completa como la otra. También estoy cierto que muchos de los aquí presentes estarán interiorizados sobre los aspectos eminentemente necesarios que implican comprender a la persona como alguien que es cuerpo y que posee cuerpo.

EL PROBELMA DEL CUERPO EN LA FILOSOFIA

            La reflexión filosófica, especialmente la platónica y la cristiana han considerado la realidad corpórea del hombre como un destierro de su realización moral, personal y religiosa.  Visiones dualistas que contraponían las realidades del cuerpo y del alma y daban a esta última una importancia superior donde la dimensión espiritual del hombre no daba cabida al reconocimiento de la corporalidad, relegándolo a una mera expresión de lo más bajo y hasta dañino para la vivencia humana. El cuerpo tenía en esta concepción una comprensión negativa que fue recogida por occidente y potenciada por el desprecio del cuerpo en la experiencia cristiana.

            Mientras que en Aristóteles y Tomás de Aquino, se pone más bien el acento en la estructura ontológica del ser humano; el hombre es una unidad que resulta de dos principios correlativos; materia y forma, aunque ello implica que se le da un trato diferente al tema del cuerpo del que le dan las corrientes idealistas, sin embargo, no se parecía en ellos la atención necesaria para esta dimensión.

            Por otro lado, Descartes, introduce un nuevo dualismo y, por lo mismo, una división muy radical entre el cuerpo y la conciencia. El problema del significado del cuerpo no se examina explícitamente. Para él el hombre es identificado con la conciencia aunque ésta esté íntimamente unida a la realidad corpórea. Aquí lo que importa es que el hombre es, ante todo, un ser pensante y una realidad subjetiva evidente en sí misma de la que derivan otras realidades. Hay mayor preocupación por los fundamentos de la ciencia. El dualismo pretende dar respuesta tanto a la filosofía como a la física y a las explicaciones científicas del cuerpo. Según Descartes; el cuerpo, es radicalmente diverso del alma, es una realidad que existe y funciona en virtud de unos principios organizativos propios y puramente materiales. No se necesita ningún alma para explicar el funcionamiento del cuerpo. Aún reconociendo que el cuerpo humano es mucho más que un simple mecanismo. El cuerpo humano, como cualquier otro cuerpo, se explica sin el alma, sobre la base del movimiento mecánico de los átomos. El cuerpo en el fondo no es más que realidad atómica, física, extensa.

            Las interpretaciones mecanicistas y materialistas por su parte son reducciones que si bien, pretenden otorgar cierto nivel de importancia a la materia, sin embargo, no pueden responder a la problemática acerca de cómo entender el cuerpo, si como algo propio del ser humano o como algo distinto de él.

Casados estamos con una forma de hacer filosofía que, heredera de los griegos clásicos (Sócrates en adelante), nos ha acostumbrado a quedarnos en lo figurativo. En cambio, debemos dar paso a una  filosofía que  nos mueva a romper nuestros esquemas y conceptos y adentrarnos en una manera distinta de ser. Distinta porque exige pensar distinto, desde lo original hasta lo más propio de lo humano; nuestro cuerpo. Ya no corporalidad porque ello admite no haber saltado la barrera de lo figurativo, de lo fenomenológico, de lo abstracto.

HACIA UNA FILOSOFIA DEL CUERPO

            El problema central de la reflexión filosófica sobre el cuerpo está profundamente ligada al hecho de que la persona concreta no se deja definir más que como una unidad vivida en la que la persona se descubre a si misma como un sujeto de acciones espirituales y corporales. En resumidas cuentas si puedo decir yo pienso, yo amo, yo quiero, puedo de la misma forma decir yo como, yo oigo música, yo aspiro el perfume de los campos. Los antiguos lo afirmaban muy bien cuando decían: “ídem ipse homo est qui percipit se sensire et inteligere”. El hombre que crece, come, camina.. es también el hombre que piensa y reflexiona. El pensar, el reflexionar, etc. No pueden atribuirse a ningún otro ser que sea distinto de ese hombre de carne y hueso.

            La unidad en el hombre impide comprenderlo como una realidad en la que conviven vivencias que por un lado guardan relación con lo corpóreo y por otro con lo espiritual, es imposible. El hombre, al decir de Zubiri, es una realidad una y única: es unidad. No es una unión de dos realidades, lo que suele llamarse «alma» y «cuerpo». Ambas expresiones son inadecuadas porque lo que con ellas pretende designarse depende esencialmente de la manera como se entienda la unidad de la realidad humana.

a)     El significado humano del cuerpo:

            El ser humano expresa indudablemente muchos significados a  través del cuerpo y le atribuye muchos valores. La antropología se ha encargado de descubrir y leer en medio de esta gran diversidad y multiplicidad de significados los que son fundamentales y los que permiten ordenar e iluminar a los demás. En primer lugar, no podemos entender que el significado humano del cuerpo no puede comprenderse solamente en clave de sus estructuras biológicas y fisiológicas del cuerpo objetivo. Esto no significa que el cuerpo (la mano, la cabeza, la sexualidad, los sentidos, etc.) sea neutro respecto al significado humano. Sino más bien que el significado humano no está inscrito meramente en las dimensiones biológicas y fisiológicas como una etiqueta o una indicación para su uso. El significado humano del cuerpo radica en el hecho de que es el cuerpo de una persona y está por tanto asumido y unido a ka persona, que comparte su suerte con la del propio organismo. ¿Qué quiero decir con esto?  Simplemente que la realidad del cuerpo se puede apreciar en toda su riqueza si lo entendemos a la luz de la totalidad de la persona. Sólo a la luz de la totalidad de la persona es posible comprender y valorar el significado humano del cuerpo y de las acciones corporales. A esta luz podrá leerse y descubrirse la humanidad inicial de las estructuras biológicas y fisiológicas

            Estas consideraciones acerca del significado humano del cuerpo nos deben llevar a consignar que debemos atender sustancialmente a tres aspectos fundamentales de este significado:

a)      El Respeto a la persona concreta que tiene que vivir su propia existencia en el cuerpo y a través del cuerpo, el significado humano fundamental del cuerpo es el de ser el campo expresivo del ser humano y el lugar primero donde el hombre tiene que realizar su propia existencia.

b)      El respeto a las demás personas hacia los cuales estamos constitutivamente orientados. El cuerpo tiene como significado fundamental el ser para los demás. Y esto desde un triple punto de vista: el cuerpo es fundamentalmente presencia en el mundo, es lugar de la comunicación con los otros y es medio de reconocimiento del otro.

c)      Respecto al medio material y humano, al que pertenece toda persona, el cuerpo es fundamentalmente la fuente de intervención humanizante en el mundo, el origen de la instrumentalidad y la cultura.

b)                El cuerpo como expresión:

            Habíamos dicho que el cuerpo es un medio de expresión de lo humano, es más es el ámbito por excelencia en el que se expresa la interioridad humana y el lugar donde se realiza de forma concreta todas aquellas potencialidades humanas, pues en todos los aspectos el cuerpo participa de la realización humana, es mas, sin él es muy extraño que éste alcance dicha plenitud.; a través de múltiples actos sucesivos que pertenecen al mundo corpóreo es que vemos concretarse dicha potencialidad. Esto es contrario a lo que piensan las filosofías de corte dualistas que consideran que la realización humana sólo se puede alcanzar en la conciencia.

            Esto nos lleva a entender que sin la participación del cuerpo no puede forjarse un pensamiento, por ejemplo, sin el uso de la palabra sería muy difícil la comunicación y expresión de determinadas teorías o maneras de pensar. O sin la sonrisa no podríamos expresar estados de alegría y así muchas cosas por el estilo.

c)     El cuerpo como presencia:

En las relaciones con los demás el cuerpo es ante todo “presencia”, una presencia temporal (‘asado, presente, futuro) La presencia se refiere sola y exclusivamente a los seres humanos. Las cosas no están presentes. Están simplemente allí. Las cosas tampoco están ausentes, sino que están o no están. El mismo uso lingüístico revela por tanto la percepción del carácter específico de la presencia humana.

La forma más elemental de presencia humana está constituida por el hecho de que toda persona pertenece al género humano y se encuentra de este modo inserto en un marco fundamental de comunicabilidad y de reconocimiento necesario. Tiene derecho a ser tratado como ser humano y no como cosa. Es un interlocutor posible de todos los demás hombres. Para una mejor comprensión de la presencia hay que confrontarla con la ausencia correspondiente; la muerte. La muerte significa la ausencia fundamental ya que el individuo deja de estar en el mundo y se encuentra radicalmente separado de la comunicación y de las relaciones interpersonales en el mismo mundo.

d)     El cuerpo como lenguaje:

El hecho de que haya lenguajes y de que el ser humano sea constitutivamente un ser de palabra y lenguaje, tiene su raíz en el cuerpo en cuanto orientado hacia los demás. El cuerpo se expresa necesariamente en algún lenguaje, aunque sea en el lenguaje del silencio. En el fondo todos los lenguajes no hacen más que desarrollar y especificar el lenguaje fundamental que es el propio cuerpo.

Las distintas partes del cuerpo participan de forma diversa en el lenguaje. Se constituyen así diversos lenguajes característicos, que pueden estar más o menos desarrollados en la vida del hombre y reciben acentos característicos según las culturas. En todos los pueblos el rostro humano ocupa un papel privilegiado. Los jos, la boca, las expresiones faciales, la desnudez del rostro, la palabra articulada, el discurso, etc. Forman parte de la riqueza dek lenguaje facial. La risa y el llanto, la admiración, la extrañeza, el despecho, la preocupación, el escepticismo, el dolor, la paz, la alegría, etc. Se expresan en el rostro incluso sin una palabra articulada con la boca. Esta extraordinaria expresividad y comunicabilidad se identifica hasta el punto con el mismo cuerpo que la mayoría de las veces pasa sin que se ponga explícitamente la atención en ello. El papel tan importante de esta forma de lenguaje se comprende fácilmente por el desconcierto que se siente ante un ciego de nacimiento en el que no se ha desarrollado este lenguaje.

En medio de tanta diversidad de expresiones el lenguaje del rostro tiene, sin embargo, una matriz común, la desnudez del rostro expresa inmediatamente la presencia y la igualdad de todos los hombres. El rostro es verdaderamente la manifestación del otro, su epifanía. Así lo dice E. Levinás:

“El rostro es la identidad misma de un ser. Allí se manifiesta en persona, sin conceptos. La presencia sensible de ese casto trozo de piel con la frente, la naríz, los ojos, la boca, no es un signo que permita a la realidad significada ni una máscara que esconda la realidad. La presencia sensible se desensibiliza aquí para dejar que aparezca directamente aquel que se refiere solamente a si mismo, a aquel que es idéntico consigo mismo.”

Mientras que Heschel afirma:

“El ser humano no tiene solamente cuerpo, sino también un rostro. Es un rostro que no puede ser trasplantado o cambiado. Un rostro es un mensaje, muchas veces sin que lo sepa la misma persona ¿No es quizás el rostro humano una mezcla viviente de misterio y de significado? Todos lo vemos  y nadie logra describirlo ¿no es quizás un milagro extraordinario el que entre tantos centenares de millones de rostros no haya dos iguales?¿Y de ningún rostro permanezca perfectamente igual durante más de un minuto?”

LA EDUCACIÓN FÍSICA COMO FILOSOFIA DEL CUERPO

            ¿Qué relación tiene todo lo que hemos dicho sobre la educación física como educación inclusiva? Creo necesario simplemente dar a conocer algunos criterios que se derivan de lo planteado:
1°        Que la educación física debe abarcar la unidad de la persona. Una educación llamada a la integralidad.
2°        Debemos recuperar la experiencia del otro como sujeto que me sobreviene, como alguien y no como algo.
3°        Debemos educar en la responsabilidad del rostro humano. Educar en el respeto irrestricto del otro en su dimensión unitaria. No basta con atender al cuerpo sino que atendiendo al cuerpo debemos estar ciertos que estamos atendiendo al alma.
4°        Al pensar en el cuerpo desde la educación física debemos ir más allá de las regulaciones y conceptualizaciones que encierran a las personas en una estructura: Un cuerpo sin órganos[1] es un intento por dejar de lado la explicación ontológica tradicional y dar paso a las sensaciones. Lo más originario y central del ser humano, una lógica vertida en el cuerpo y posibilitada por su descubrimiento. Si hemos de recurrir a esta nueva lógica es porque uno de los aspectos centrales nos permite explicar lo fundamental en el arte; arte como exposición de lo vivo, lo más vivo que hay en nosotros; la brutalidad, la fuerza y la pasión. El arte como vector de lo nuevo y de lo antiguo, de lo sencillo y lo más complejo. El arte nos permite introducirnos a las impresiones más detalladas del sin pensamiento. Una pintura, por ejemplo,  es, ante todo, la sin tesis de aquello que no trasciende, que es pura inmanencia. “Algo que no se presenta a nadie, es decir, que no remite a ningún ojo.”[2]

5°        Vivimos en una cultura centrada en el consumo, partiendo por el consumo más básico hasta la invención de magníficas necesidades para justificar magníficos consumos. La salud, la Educación y la Vida giran en torno a la maquiavélica dictadura de la lógica utilidad – ganancia – consumo. Sin lugar a dudas, todo aquello que somos ha dado paso al todo aquello que tenemos, como queriendo sostener con ello la supremacía de un concepto de persona y sociedad en la cual sólo es digno de una vida digna aquel que puede sobrevivir. Así la preocupación central de nuestras familias es el modo en cómo sobrevivimos adecuadamente ante un sistema despiadado que si no posees los recursos necesarios para ello, lo más seguro, es que la muerte se adelante o la vida se transforme en un querer desear la muerte angustiosamente. Lo externo es, para nuestras sociedades, ontológicamente más decidor que lo interno. Y si lo interior fuese importante es porque hay algunos que han colmado tanto lo externo que tienen tiempo (y dinero) para ocuparse de lo interno. Tal vez, por ello, la filosofía ya no sirva en estas sociedades porque ella es esencialmente una preocupación por lo interno que, por estar volcados hacia fuera, no hay cabida a tan inútil expresión de la realidad.
       
6°        Hablar de educación inclusiva implica repensar las relaciones humanas en clave de intersubjetividad. Esto quiere decir que la educación exige pensar más allá de la soledad existencial y redescubrir la experiencia del otro;  El otro es, podríamos decir , otro yo concreto con el cual entro en relación, en la medida en que este otro yo es diferente de mi. El otro es siempre un yo diferente de mí que siempre está en relación conmigo, y de esta relación, de la cual, de algún modo, tenemos experiencia. Debemos establecer, entonces, que el yo es, de algún modo, constituido por el tú.  Esto quiere decir que el tú es siempre igual que el yo, es decir, el otro es siempre alguien, o sea, otro yo[3]. El otro, por tanto, no es un conocimiento categorial sino la experiencia concreta de la humanidad. “otro ser humano es prójimo no sólo en base a un genérico sentimiento de humanidad, sino primariamente en base a ser otro yo.”[4] Esto quiere decir que la persona no sólo puede ser comprendida conceptualmente sino que esencialmente en mi relación con otros entes concretos como yo, con los cuales actúo conjuntamente. Este ser-con de la persona le es connatural a su existencia y mediante esta relación el hombre, como ya lo veníamos afirmando, logra ser lo que es. Esta relación de participación que se da con los otros es consciente y experiencial en la que nos aproximamos a los otros desde nuestro propio yo.




[1] Esta idea de “Cuerpo sin órganos” es una expresión tomada de Artau y hace referencia a la idea de cuerpo sin organización.
[2] http://www.uam.es/ra/sin/pensamiento/deleuze/martes.htm

[4] Ibíd. Pág. 117.

miércoles, 20 de junio de 2012

FE CRISTIANA Y SENTIDO DE LA VIDA


(Texto de estudio Evaluación Antropología Cristiana 27/06)

La religión sólo existe en la persona que se interroga. No sólo determinados acontecimientos de la vida, como la muerte, el dolor, o el ansia de la felicidad, sino la misma existencia humana provoca una interrogación que necesita ir más allá de las posibilidades de lo demostrable y que, en cierta medida, abre al misterio.

Esa trascendencia posible. ese misterio, aparece en la vida del que se interroga en profundidad. Con mayor o menor intensidad, la persona experimenta la presencia de esa alteridad sobrenatural. Un encuentro, una persona, un lugar, un sentimiento, un acontecimiento de la vida, un fuerte deseo de bondad, un rito... cualquier motivo puede ser válido para iniciar la relación con el absoluto.

En este encuentro del hombre con el poder misterioso reside la salvación proclamada por las religiones. El sentido de la vida viene dado por la nueva relación que se establece. La persona religiosa determina su conducta o la modifica en virtud de su experiencia con el poder misterioso trascendente.

A la luz de esta relación no sólo se modifica la conducta moral, sino que se responden los porqués y para quién que la vida misma personal va planteando. La vida se ilumina y adquiere sentido gracias a la relación con la divinidad.

III:      LA FE CRISTIANA

A)           DISTINCIÓN ENTRE FE Y CREENCIA

Llamamos “creencia” a la adhesión de un conjunto de principios, de valores y de ideas que la persona acepta como expresión de la verdad, de su vida. Pertenece sobre todo, al terreno del conocimiento. Por ejemplo, cuando uno lee un libro de un autor o grupo de autores, afirmo que esta idea me identifica, me ha convencido. Esta adhesión se produce porque lo que se ha encontrado razonable e importante para la vida. Y se mantendrá la adhesión hasta que yo o alguien me convenza de lo contrario o de su falsedad. Esta forma de sentirse identificado por algo se llama “Creer”.

Llamamos “FE”  a la adhesión personal a alguien en el cual confiamos por su modo de ser y de comportarse con nosotros y a la aceptación de su comunicación personal y verbal con nosotros. Pertenece al terreno de las relaciones interpersonales.  Yo tengo un amigo íntimo. Me inspira toda la confianza, sé que no me va a fallar y me fío de él. Entonces digo, yo creo a mi amigo. No sólo digo creo esto o aquello sino creo en él. Esta adhesión se debe a la amistad, a la intimidad y a la seguridad que me proporciona el amigo. No es una adhesión con cautelas, a veces no entenderé del todo al amigo, pero sé que su fidelidad no me fallará. Por eso tampoco falla mi adhesión a él. A esta forma de sentirse identificado con el otro y de adherir al otro.

¿Demostrar la fe?

La experiencia de fiarse de y confiar en que supone la fe cristiana tiene muchos paralelismos con otras experiencias humanas que realizamos las personas casi sin darnos cuenta. Cuando confiamos en alguien, más allá de sus opiniones, y no sabríamos explicar muy bien por qué. Cuando nos adherimos casi inmediatamente a lo que diga o haga tal otra persona, porque confiamos en ella plenamente, estamos viviendo experiencias muy similares a las que vive el creyente respecto a la llamada de Dios.

Así pues, la experiencia de la fe no es una experiencia ni antihumana ni sobrehumana sino que está al alcance de nuestras posibilidades porque en nuestra vida constantemente ponemos en juego nuestra fe en otras personas, cercanas o lejanas, y vivimos de su confianza.

Estas constataciones no prueban ni demuestran la fe. Pero son muy útiles para percatarse de que creer no es irracional.

“La libertad tiene en la fe un papel que no lo tiene en la ciencia. Cuando ésta ha superado la fase de las investigaciones y ha llegado a unos resultados ciertos, presenta sus conclusiones como necesarias. Se las justifica por medio de una exposición de sus constataciones y deducciones Cada uno puede entonces recorrer nuevamente la cadena de demostraciones y verificar su valor. Si se las reconoce justas uno se ve obligado a la adhesión. En cuanto a la fe, jamás ocurre de la misma manera, un hombre dotado de un Espíritu vigoroso y sano puede siempre negarse a franquear la última etapa y saltar de la credibilidad a la fe. Jamás la exposición de una doctrina puede forzar el asentimiento. Por eso, resulta imposible dar la fe a alguien mediante la vía meramente demostrativa, multiplicando las exposiciones y los razonamientos. No se puede forzar a los espíritus a pasar de una serie de argumentos al Dios Vivo ¿Puede decirse entonces que la fe es irracional? No, pero posee un tipo de racionalidad diferente al de las ciencias. Para comprenderlo, es necesario referirse a la manera que tenemos de referirnos a las personas. Toda reflexión sobre Dios  se hace por analogía.

Creer es razonable. Razonable es aquello a favor de lo cual encontramos múltiples razones, pero sin que ninguna de ellas llegue a establecer su verdad con todo rigor y necesidad.

La experiencia humana más cercana a las fe cristiana es la experiencia de las relaciones interpersonales. Dos personas que se enamoran creen en su amor mutuo y deciden fiados en ese amor, ante la ausencia de certificados que demuestren claramente el éxito de su empresa. Precisamente es en los aspectos más vitales y trascendentales de la vida donde más fe se nos pide y menos demostración racional (matrimonio, profesión, amistades, etc.)

Por otro lado, el mensaje de Jesús de Nazaret conecta fácilmente con la aspiración de amor y de esperanza solidaria que anida en el interior de la persona humana. Y éste también es un elemento importante de la racionalidad de la fe como respuesta a esa invitación constante que Dios hace por medio del mensaje evangélico.

Pero la fe no es objeto de demostración científica. Querer dar una razón de necesidad de la fe en Dios sería como matar en su raíz su carácter de encuentro interpersonal. Esta cierta oscuridad que acompaña siempre a la experiencia de fe es, en su lado positivo, manifestación y prueba de la libertad de la fe. Al final, más allá de todo, razonamiento o consideración, queda la opción personal y libre que se manifiesta en la respuesta confiada a la llamada de Dios. Y donde hay necesidad racional no hay libertad.

Por ello, la fe cristiana será siempre un misterio en el que confluyen el misterio mismo de la libertad del hombre y el misterio de la gracia de Dios. En el fondo, al misterio del encuentro interpersonal

B)           LA INVITACIÓN A LA FE

a)           La Experiencia de la fe: Itinerario del Apóstol Pedro.

La fe cristiana es una experiencia radical de amor y de adhesión a Jesucristo. Es una religión distinta de las demás pues radica en el hecho central de la encarnación del mismo Dios, el anonadamiento o kénosis del hijo de Dios.

Analizaremos esta novedad y radicalidad de la fe cristiana desde la figura del Apóstol Pedro, quien desde su llamado hasta su muerte en Roma ha ido evolucionando su experiencia de fe. A lo largo de la vida de este apóstol se hizo una experiencia radical de la fe y al análisis de éste nos permitirá esquematizar esta misma experiencia. Luego plantearemos la problemática de la racionalidad de la fe.

>    Jn. 1,40-42:          Juan Bautista dice a sus discípulos que Jesús es el cordero de Dios, el Mesías esperado. Frente a este anuncio, hay algunos que no dudan en seguir. Entre ellos está Andrés, hermano de Simón Pedro el pescador. La premura con que Andrés acude a informar a su hermano nos da la idea de la inquietud y la actitud de búsqueda y esperanza que anidaban en el corazón de ambos hermanos; esperaban al Mesías, el salvador.

>    Jn. 1, 42b:             Simón Pedro es presentado a Jesús por Andrés. El primer encuentro. Una mirada y una propuesta. En la cultura judía, el nombre podía representar el ser más profundo de la persona. Jesús, al proponer a Simón un nuevo nombre, le está llamando a una nueva vida, a una nueva misión. Simón acepto desde este momento agregarse al grupo de los seguidores de Jesús. Es evidente que en este momento no comprendía demasiado lo que aquello podía significar, pero realizó un primer acto de confianza en Jesús.

>    Mt. 3, 13-19:        Jesús escoge a doce para hacerlos sus compañeros y para una misión. La iniciativa es de Jesús. Nadie es apóstol por méritos propios. Es la segunda vez que Jesús propone a Simón algo nuevo. Pedro vuelve a fiarse de su maestro y se embarca en esta nueva aventura. El contacto con Jesús se va a hacer mucho más intenso. Simón Pedro, casi sin darse cuenta, ha abandonado su trabajo, su vida anterior, para estar con él.

>    Mt. 15,15-18; MT. 18,21-22; Mt. 19,27-29:        Son muchas las horas que Pedro comparte con Jesús. Escucha sus enseñanzas, pero no duda en preguntar a Jesús. Quiere saber, pero no para acumular sabiduría intelectual, sino para orientar su vida y su existencia según las palabras de Jesús. Es así como poco a poco Pedro va descubriendo un nuevo mensaje y lo va asimilando en su propia vida. Sólo el tiempo junto a él, con confianzas y sin prisas, le va abriendo las perspectivas de esa nueva vida que anuncia el maestro.

>    Mt. 16,13-18:       Dice con palabras lo que está experimentando en su vida, y es que vivir con él salva su vida, es decir, la plenifica, le da sentido. El comentario de Jesús es importante, eso no lo ha descubierto por ninguna demostración humana sino por revelación del Padre. La experiencia de fe no es únicamente fruto del esfuerzo humano, sino un encuentro entre la iniciativa de Dios y rl proceso de respuesta del hombre.

>    Mt. 17, 1-4:                      En todo este tiempo de vivir junto a él no le faltaron a Pedro momentos de euforia, de estar a gusto con Jesús, de disfrutar de su cercanía y de su presencia.

>    Jn. 13,36-38; Jn. 13,6-9:             Y sin embargo, Pedro, todavía no acaba de comprender. Su admiración hacia Jesús es tal y su adhesión tan incondicional, que le impide a veces comprender el auténtico alcance de ñas palabras del maestro. En más de una ocasión Jesús le reprende y le proporciona curas de realismo. Pedro a través de esa cercanía y de ese contacto constante con el Señor, va corrigiendo y perfilando su propia experiencia de fe. Es todo un proceso de descubrimiento que le va llevando poco a poco a la auténtica comprensión de lo que Jesús es y de lo que Jesús le pide. Pedro, en efecto, dará su vida por Jesús, pero no ahora. Más tarde irá comprendiendo el verdadero alcance del compromiso de seguir a Jesús.

>    Mt. 14,24-32:       Pedro, lo henos visto, manifiesta en varias ocasiones su fe en Jesús entendida como adhesión a una persona que salva. Y sin embargo, los momentos de duda no faltan. El miedo nunca está ausente en semejante aventura. Siempre hay algún viento que lleva a la auténtica oración de la fe: “Señor Sálvame”.

>    Mc. 14,32-37; Mt. 26,69-75:       Y junto a las dudas tampoco faltan las infidelidades, los fallos, las caídas, las incongruencias. Jesús le pide a Pedro que le acompañe en el sufrimiento, y Pedro cae dormido. Del mismo modo, la euforia de seguidor incondicional de Jesús se ve derrumbada ante el temor de que también a él lo detengan como a Jesús. Pero todas estas situaciones no son ajenas a la experiencia de fe. Jesús no busca perfectos cumplidores, sino humildes seguidores que sean capaces de entusiasmarse, de irse con él y de levantarse cuando caen o se equivoquen.

>    Hechos 1,12-14:               Jesús ha muerto, ha resucitado y ha entrado en la gloria del Padre. Está entre ellos aunque no del mismo modo que antes. El resucitado vive en su comunidad y actúa en ella por su Espíritu. Pedro asume la misión que Jesús le había encomendado en el grupo de los Doce y guía la comunidad de los discípulos.

>    Hechos 2, 42-47:             Cuando Jesús estaba entre ellos, los que aceptaban su mensaje de salvación se agregaban al grupo de los seguidores. Ahora, los que se iban salvando se agregaban a la comunidad. En efecto, es la comunidad la que a partir de ahora hace presente a Jesús. La comunidad de los creyentes proporciona a los que se adhieren a ella aquella experiencia de fe que Pedro vivió junto al Señor. La proclamación de su palabra, la celebración de la fracción del pan (Eucaristía) y la vida en común perpetúan la presencia de Jesús.

>    Hech. 2,22-24ª.32.37-38;            La misma comunidad tiene la responsabilidad de predicar, de invitar a todo el que desee a unirse a esta nueva vida. Al explicar lo que ellos han visto y oído, necesariamente surgen algunas formulaciones de esa experiencia de fe. Dios Padre ha resucitado a Jesús y lo ha constituido Señor, y su presencia se hace viva por medio de su Espíritu enviado en Pentecostés. Así, poco a poco, van naciendo las profesiones de fe, que se manifiestan especialmente en el bautismo.

>    Hech. 4,1-3.5-12:             Pedro cumple el compromiso de predicar y de dar testimonio, pero esto no se hace sin dificultades ni persecuciones. Primero, la censura de las autoridades judías, más tarde, la persecución romana. Para Pedro, lo importante es comunicar el mensaje de Jesús y el modo de vivir propio de sus discípulos así como su experiencia de fe; “Sólo Jesús puede salvar”. No es una doctrina o una teoría, habla de su propia vida, aunque para hacerlo utilice expresiones formuladas de la fe. Desde aquel primer encuentro con Jesús en el que Pedro se fió  de él ha transcurrido mucho tiempo y el camino ha sido largo. No imaginaba él adónde le llevaría su experiencia de fe. No fue capaz de dar la cara por Jesús en la noche de la pasión, quizás porque no era el momento; le aguardaba la tarea de mantenerla vida de la comunidad. Pero al final de su vida sí que la entregó. Era el último capítulo de una historia de entrega y confianza cotidiana.

Esquema del proceso de experiencia de fe:

1.         BÚSQUEDA:    Inquietud por buscar la vida auténtica.
2.         INICIATIVA DIVINA: Dios llama.
3.                  PRIMERA RESPUESTA CONFIADA; que inicia todo un proceso.
4.                  VIVIR CON EL: Escuchar su palabra, buscar sus respuestas.
5.                  PROCESO DE CLARIFICACIÓN Y PURIFICACIÓN: dudas, fallos, euforias.
6.                  INTEGRACIÓN A LA COMUNIDAD:  como mediadora de la presencia por medio de la palabra, de la celebración, de la vida en común y de las expresiones de la fe.
7.                  COMPROMISO:  llevar la salvación a los demás, en medio de incomprensiones e incluso persecuciones.

La apertura a la trascendencia es una de las condiciones para la fe. Si todo tiene justificación en nosotros mismos, si la realidad que vivimos se agota en sí misma, es imposible la fe. Aquel que no se pregunta, que no aspira a una vida más plena y profundamente humana porque vive en mundo cerrado y suficiente en sí mismo, no está en disposición de iniciar la aventura de la fe.

Dios toma la iniciativa y llama. La revelación de Dios es una invitación y una manifestación de sí mismo que invita a vivir cerca de él. Los signos de la revelación de Dios acontecen en la historia. Desde la creación, la historia de la salvación es la historia de los signos reveladores de Dios: signos de presencia salvadora en la vida del hombre. Estos signos no se imponen, son una invitación.

Jesús es la cumbre de la manifestación de Dios en la historia, su llamada definitiva. Dios llama por medio de Jesús porque su vida interpela al hombre, le está pidiendo una respuesta ya que no puede dejar indiferente.

Cuando la persona responde afirmativamente a esta llamada poniendo su confianza en Dios, se inicia el camino de la experiencia de la fe. El primer fruto de esta respuesta es la conversión. El corazón convertido es el abierto a la entrada de Jesús en su vida. No se trata de conocer a Jesús desde fuera, sino de “morar con él” y así dejar que sea quien cambie tu vida.

Cuando el creyente, ayudado por el Espíritu Santo, decide libremente dar el paso de la fe, no lo hace sólo movido por la fuerza de los razonamientos sino, principalmente, fiado y confiado en el apoyo de Dios, que inspira y sostiene su experiencia. De este modo se inicia un camino no exento de dificultades y de fallos porque la fe no es ningún tranquilizante, sino que requiere audacia y fortaleza, tiempo de victoria y tiempo de derrota, certezas y dudas.

Esta fe se vive en comunidad. No es un asunto privado. La comunidad, la Iglesia, mantiene la presencia viva de Jesús que sigue llamando. En ella se encuentran los creyentes como hermanos y viven la fraternidad que Jesús instauró.

Esa misma comunidad dice su fe, la expresa para poder transmitirla. Y lo hace por medio de sus confesiones de fe o credos. Este lenguaje, por ser expresión humana, puede estar sujeta a evolución, pero las formulaciones encierran siempre, sustancialmente, la misma realidad y los mimos contenidos.

Y esa misma comunidad celebra su fe. Por medio de la celebración cristiana, la liturgia actualiza la presencia de Jesús y el don de su gracia.

La prueba de autenticidad de la fe es su acción, su obrar, su compromiso. El creyente es llevado por su fe a un compromiso de justicia y liberación de los hombres. (Santiago 2, 14-17)

C)           LO ESPECÍFICO DEL HECHO CRISTIANO: JESÚS DE NAZARET

a)    Lo específico de la Fe cristiana.

El cristianismo es una religión, pero no lo es exactamente como las demás. Jesús de Nazaret, fundador del cristianismo, con su vida y con su mensaje, pretendió una purificación de ciertas actitudes y conductas religiosas y sociales de su tiempo, como lo veremos a continuación, invitando más bien a la transformación interior del corazón.

Todas las religiones suponen que el hombre busca a Dios y todas ellas son una muestra del esfuerzo auténtico del hombre para relacionarse con él. Pero el cristianismo va más allá. Cree que Dios sale al encuentro del hombre, le busca, le llama, establece un diálogo con él. En ese diálogo, Dios le propone un camino de liberación y salvación.

El Dios cristiano sale al encuentro del hombre, no a través de fenómenos extraños o apariciones maravillosas, sino simplemente, sencillamente, haciéndose hombre como un hombre cualquiera, viviendo en un momento determinado en un país determinado, muriendo realmente como hombre.

Pero sobre todo, el cristianismo cree que ese Jesús resucitado, vive hoy en medio de nosotros. esto es lo que caracteriza al cristianismo y lo distingue de las demás religiones; su fe en un hecho, en un acontecimiento, en la encarnación, muerte y resurrección de Cristo.

A partir de este acontecimiento, la religión deja de ser un sistema para pasar a ser un encuentro y una relación con una persona concreta; JESÜS. Es llamativo que, entre todos los libros sagrados de la humanidad, sólo el de los cristianos sea una historia y no una exposición de doctrinas. Jesús no es un mero intermediario, es Dios mismo. Ni Moisés, ni Buda, ni Mahoma, ni nadie antes o después de Jesucristo ha reivindicado tal cosa.

“A diferencia de otros cultos en los que predomina el pavor frente a lo inefable, el misterio cristiano es un misterio de amor: Dios es caridad. Desde que el Verbo se encarnó, el hombre puede decir que Dios ya no es “completamente Otro”. Lo sagrado cristiano separa algo, pero para elevarlo a Dios, para ennoblecerlo, para dignificarlo con una plenitud suprema. La sacralidad cristiana implica menos una prohibición que una comunión”.

jueves, 31 de mayo de 2012

No te rindas...(Mario Benedetti)


(Un poema de Benedetti que representa un llamado a la perseverancia, a la lucha constante ante las dificultades, a soñar a pesar de las desveladas, a construir caminos. No rendirse es una invitación a mirar más allá de las dificultades del tiempo presente, a perdonar y perdonarse uno mismo (cuestión esta última muy dificil de lograr) No te rindas es, en lo personal, un volver la vista a aquellos hermosos momentos vividos con mis amigos ejistas , con quienes caminamos mil historias.
No te rindas es un poema que leo y descubro cuando siento que las fuerzas me faltan. Un hermoso poema digno de ser Pensado)




No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.