viernes, 23 de febrero de 2024

la renuncia silenciosa como síntoma de la sociedad del cansancio

 

silent renunciation as a symptom of the tired society

 

Ricardo Montes Pérez[1]

Doctor en Filosofía

rmontesp@gmail.com

https://orcid.org/0000-0001-8637-5150

 

 

Resumen

 

El presente ensayo busca relacionar la tendencia en redes sociales denominada renuncia silenciosa con el análisis que el filósofo Byung Chul Han realiza acerca de la sociedad del cansancio. Esta tendencia presente en las nuevas generaciones y como efecto de la post pandemia, no es sino un síntoma de esta comprensión del ser humano que el autor ubica como un reflejo de la agonía del eros. Esto invita a plantearse el declive de los valores de la sociedad del rendimiento y la necesidad de un nuevo paradigma que contemple la actividad humana en clave de complementariedad y al rescate del Eros como develación del otro.

 

Palabras claves: renuncia silenciosa, Byung Chul Han, sociedad del cansancio, trabajo, fenomenología.

 

Abstract

 

This essay seeks to relate the trend in social networks called “Quiet quit” with the analysis that the philosopher Byung Chul Han makes about the society of fatigue. This trend present in the new generations and as an effect of the post-pandemic, is but a symptom of this understanding of the human being that the author places as a reflection of the agony of eros. This invites us to consider the decline of the values ​​of the performance society and the need for a new paradigm that contemplates human activity in terms of complementarity and the rescue of Eros as the unveiling of the other.

 

Key words: Quiet quit, Byung Chul Han, tiredness society, work, phenomenology,

 

 

Introducción

              Byung Chul Han, es un metalúrgico coreano que, idiotizado por el estudio de la técnica, abandonó su país natal para radicarse en Alemania y estudiar Filosofía, literatura y teología, doctorándose en filosofía con un trabajo sobre Heidegger en la misma universidad donde éste último había sido rector. Logró llegar a la filosofía, antes desconocida para él, desde una comprensión distinta, pero cautivante, que logra hacerse cargo de la complejidad de la sociedad actual de una manera excitante y desbordante. Han ha puesto en evidencia una crítica necesaria y cercana que, haciéndose heredera de la tradición occidental, intenta describir sin elocuencias a occidente, impidiendo que ésta arda en el fuego de su ensimismamiento academicista.

 

1.     La sociedad del cansancio como agonía del eros

En su libro “La sociedad del cansancio”, (Han, 2012) Byung Chul Han señala que la coacción de la transparencia nivela al hombre mismo hasta convertirlo en un elemento funcional del sistema. Ahí está la violencia de la trasparencia.  Ahí está la muerte de Eros, dirá el autor en su posterior libro “La agonía del eros”(Han, 2014)  que  la muerte del Eros se da en el infierno de lo igual, que erosiona la experiencia erótica, porque lo ubica, lo define, lo determina, lo positiviza, es decir, el asunto que nos caracteriza, es el hecho de estar lejano del eros, en la centralidad del yo, en la esfera del narcisismo depresivo que está centrado en sí mismo y se agota en sí mismo. En la mirada autocomplaciente de aquel que, siendo emprendedor, se vuelve un sujeto alienado que se pierde en la teleología del sí mismo. El empresario, el que arriesga, se arriesga a sí mismo, pero en beneficio de sí mismo y en el riesgo no logra trascender, no alcanza una salida.

Estamos enfrentados en una sociedad del rendimiento, nos dirá Chul han, donde tiene preeminencia el verbo poder. ( Han, 2012; 12) Todo lo que para la sociedad de la disciplina se conjugaba con el verbo deber. Para ésta, nuestra sociedad del rendimiento, todo se conjuga y se sustituye por el verbo poder. Aquí interesa la productividad, aquello que esté resuelto en la lógica del producir para consumir y consumir para seguir produciendo. El neoliberalismo, vive centrado en la ilusión de la libertad; libertad del sujeto autónomo que, en la paradoja de esta ideología, se aliena a sí mismo, incluso en una alienación más cruda que la alienación fundante marxista, porque en esta última la salida se encuentra más allá del sujeto o en otro sujeto, el sujeto colectivo. Mientras que en ésta no hay salida de si, no hay melancolía, entendida ésta como necesidad de trascender de sí. Lo único que cabe es la depresión de aquel que no puede más que mirar su propio ombligo, es libre pero su libertad es una cárcel para sí mismo.  Será por eso que la depresión es la enfermedad de este siglo. Nos señala Han:

 

Foucault señala que el homo oeconomicus neoliberal no mora en la sociedad disciplinaria que, como empresario de sí mismo, ya no es un sujeto obediente, pero queda oculto para dicho autor que este empresario por cuenta propia en realidad no es libre, sino simplemente cree serlo, cuando en verdad se explota a sí mismo” (Han, 2014; 11)

 

La lógica neoliberal del tú puedes (porque eres libre) no es más que un arma destructora y amenazante para el sujeto del rendimiento y es más violenta y alienante que el tú debes que nos señalaba Foucault. Tú puedes ser mejor que tu padre, le decimos a nuestros hijos, como amenaza de que si no pones en juego tu libertad no serás más que un pálido reflejo de lo que otros han sido, por lo tanto, debes (es decir, no puedes no poder) alcanzar aquello que nosotros no hemos alcanzado. O Tú puedes porque yo pude, como nos mostraba la publicidad de una universidad en nuestro país, que representa la posibilidad solapada de coacción hacia los sujetos a alcanzar las metas que otros, como yo, han alcanzado. Pero este tú puedes es represivo para el hijo que escucha al padre, para el estudiante que no ambiciona lo que el otro pudo, para el que no tiene dinero y no puede ver un mundial en un televisor de alta calidad, es asfixiante para el que vive y no piensa más allá del cálculo, para el que quiere poner en juego su libertad (económica) y endeudarse. Porque aquello que define al capitalismo es la falta de vinculación con el otro. El capitalismo que funciona bajo el principio del rendimiento y que abarca todos los aspectos de la vida, incluso el amor y la sexualidad. (Han, 2014; 12)

 

¿Cómo pensar las nuevas formas de relacionarnos de lo que Han denomina la agonía del Eros? ¿Cómo salvar la experiencia del otro que no signifique su profanación? ¿Cómo recuperar un pensamiento –otro? Es un desafío para la filosofía en esta creciente complejidad de las realidades sociales y económicas ya retratadas, y ensalzadas por el capitalismo, que ponen el énfasis en expectativas de carácter de utilidad económica. Ya Nietzsche, nos señalaba la gravitante importancia que adquiere una sociedad calculadora la inversión de ciertos valores en las que se pide una cultura rápida para poder pronto ser un buen ganador de dinero y al mismo tiempo, una cultura fundamental, para ser ganador de mucho dinero”. (Nietzsche, 2000; 11) O como lo afirma A. Heller; “Con la creciente división del trabajo, en particular con su desarrollo en el seno de proceso de trabajo, sucede cada vez más que determinadas capacidades especificas se desarrollen a costa de la totalidad del hombre”.(Heller, 1987; 87)  A esta cultura y sociedad que vive en el infierno de lo igual, hace falta salir del pensar calculador, pasar a un pensar que recupere la memoria del Eros, que se aleje de los datos, que degeneren el pensar en mera sensibilidad, en carencia de espíritu y deseo.

 

2.    La renuncia silenciosa como síntoma

 

El olvido de mí mismo, nos señala Han, nos sitúa en la autoproducción del ego (Han, 2021; 97) las evidencias de ello, la pudimos notar en las formas de comunicación y de encuentro que se realizan desde la pandemia. Este hecho de hipercomunicación, de hiperconectividad, en vez de producir en nosotros vinculación, nos separó de la posibilidad del otro. El yo aislado, deprimido, nos ha hecho sujeto herméticos e individualistas. 

Según Nietzsche, es propia de la cultura aristocrática la capacidad de no reaccionar enseguida a un estímulo. Ella controla los instintos que ponen obstáculos, que aíslan. A lo extraño, a lo nuevo de toda especie se lo dejará acercarse con una calma brutal. El tener abiertas todas las puertas, el estar siempre dispuesto a meterse, a lanzarse de un salto dentro de otros hombres y otras cosas, es decir, la incapacidad de oponer resistencia a un estímulo, es una actitud destructiva para el espíritu. La incapacidad de no reaccionar es ya una enfermedad, decadencia, síntoma de agotamiento.” (Han, 2021; 103)

Es en esta línea de reflexión donde nos encontramos con esta tendencia laboral post pandemia que se ha denominado “renuncia silenciosa”. La Renuncia Silenciosa, se refiere al hecho de que un trabajador trabaja exclusivamente el tiempo por el que está contratado, sin más ni menos. Expresión del cansancio por positivizar las esferas del agotamiento del sí mismo, de ser exponentes del desaliento de ser empresario de sí mismo. El quiet quiting se presenta como el fenómeno que, traspasando las redes sociales, especialmente entre los profesionales más jóvenes, evidencia una dinámica que parece ser una manifestación del cansancio por el rendimiento, entendido como donación absoluta a la empresa y a las exigencias que ésta nos plantea, la que, en algunos casos, nos arranca de otros espacios y tiempos, con el pretexto del compromiso institucional. Aunque esta vez el concepto incluye la palabra “renuncia”, no se trata de abandonar el trabajo, sino de limitarse a hacer las tareas demarcadas, sin pasarse de los horarios establecidos, haciendo lo mínimo. El slogan de la “renuncia silenciosa” es “no seré el dueño de la empresa, por lo tanto, no me mataré horas trabajando”. (Meléndez, 2022).

 Adicionalmente, se argumenta que los más jóvenes no están dispuestos a hacer horas extra no remuneradas, a responder a mensajes de trabajo en horario de descanso ni a trabajar más de lo que les corresponde durante su horario de trabajo, y concluye que esto sucede porque los nuevos trabajadores están menos comprometidos con la cultura laboral actual y el sistema, en general, y con sus empresas, en particular. Y, aunque este comportamiento ha suscitado las críticas de sus veteranos, los expertos señalan a que es fruto de las circunstancias actuales. (Lorenzo, 2020)

Uno de los factores que alimenta este tipo de tendencias se puede relacionar con el desgaste laboral (bornout laboral) que acompaña varias de estas tomas de decisión. El bornout laboral acontece como el desplome de las expectativas que las personas han generado en algún puesto de trabajo, provocando en el trabajador cansancio físico, mental y emocional asociado al trabajo. (Lorenzo, 2020) Esto puede ser entendido como manifestación de la externalización antropológica del trabajo en la sociedad del cansancio; donde éste, el trabajo, no pertenece al ser del hombre y no lo comprende de manera plena. El ser humano no se siente satisfecho consigo mismo y con el trabajo; no es feliz con la autoproducción de sí mismo. Epifanía del no hallarse a sí mismo en el trabajo porque existencialmente lo ubica en la plataforma del vacío que lo empobrece, perdiendo su referencia lo político y a la comunión con el otro. Dicho en términos de la economía del trabajo, cuando el equilibrio entre la vida laboral y la personal no es el adecuado, o cuando el salario no satisface las necesidades de los trabajadores o no existe un real apoyo para alcanzar mayores ascensos deseados. Este cansancio deviene en depresión, en desplome de expectativas que el sujeto tiene de su quehacer. En palabras de Han:

“El éxito de la depresión comienza en el instante en el que el modelo disciplinario de gestión de conducta, que, de forma autoritaria y prohibitiva, otorgó sus respectivos papeles tanto a las clases sociales como a los dos sexos, es abandonar a favor de una norma que induce al individuo a la iniciativa personal; que lo obliga a devenir él mismo (…) El deprimido no está a la altura, está cansado del esfuerzo de devenir él mismo” (Han, 2012; 28).

La sintomatología no es sino la manifestación de un malestar que está en la médula de la cosmovisión neoliberal y consumista que nos gobierna. Y no puede ser resuelta con medidas paliativas que no logran cubrir el problema de fondo; el desencanto de la sociedad del rendimiento. Un desencanto que nace por la falta de narratividad, el despliegue de una vaciedad de contenido donde solo hay una mera sucesión de “presentes temporales” (Han, 2013; 65) Este sujeto del rendimiento que estaba libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o a verse explotado, comienza a erosionar en las nuevas generaciones, tal vez, porque éstos han visto a las generaciones anteriores, consumidas por el afán de productividad, perder los límites de las esferas complementarias y necesarias de lo humano; la vida familiar, el ocio, el silencio, la pausa, pero una pausa pasiva que invite al desapego, a la desconexión de lo mismo. El engaño de la pausa activa, inventada por los terapeutas laborales, hace unos decenios atrás, y que buscaban con ello, establecer un mecanismo que mejore el desempeño laboral y que los trabajadores se sientan más satisfechos y que puedan canalizar todo su potencial hacia actividades productivas, reduciendo enfermedades profesionales y con esto el ausentismo laboral que es perjudicial para cualquier organización. No es en ningún caso, un esfuerzo por desembarazarse de las causas del cansancio y de la enfermedad social que provoca, sino que busca potenciar la producción y la laboriosidad de las personas. Con ello, se hace más que evidente la intuición de Arendt que la sociedad moderna degrada al ser humano a animal laborum, a meros animales trabajadores (Han, 2012; 41; Arendt, 2009; 344) El homo laborans de la sociedad del rendimiento que gozaba de la sobreexplotación de sí mismo, obsesivo convulsivo e hiperactivo, llegando a la neurosis, comienza a agrietarse y a volverse un dependiente farmacológico para afrontar el gran tema del sentido.

3.    Necesidad de nuevos paradigmas

Este desplome del trabajo full time en las relaciones laborales post pandemia sólo se puede entender, si presumimos la emergencia de un nuevo paradigma que trascienden lo exclusivamente laboral y apunta a la reconsideración de los espacios de lo humano y a ubicar la virtud de la laboriosidad subordinada a otras esferas negadas en épocas anteriores. Este nuevo paradigma debería potenciar, entre otras cosas, la innovación en los modelos de negocios, en la optimización de la formación y capacitación de los trabajadores, pero, por sobre todo, la armonización de la actividad laboral con las demás esferas de la actividad humana. El desafío para las organizaciones, es, por ejemplo, la creación de programas que orienten y fomenten las actividades recreacionales grupales, invitando a las personas que lideran grupos de trabajo a participar activamente en la ejecución y seguimiento de estas, lo cual ayudaría a las relaciones interpersonales y mejoraría el trabajo en equipo, integrando a todos los miembros del equipo a participar de igual forma, entre otras iniciativas. Es necesario abrirse a la comprensión del nuevo sujeto al que nos enfrentamos y que ya Han nos señalaba:

“El hombre con sus aparatos digitales vive hoy la vida sin cosas de mañana. Es característica de esta nueva vida la atrofia de las manos. Los aparatos digitales hacen que las manos se atrofien. Pero ellos traen también una liberación del peso de la materia. El hombre del futuro ya no necesitará manos. No tendrá que tratar y elaborar porque ya no tendrá que habérselas con cosas materiales, sino solo con las condiciones ajenas a la condición de las cosas. En lugar de las manos se introducen los dedos. El nuevo hombre teclea en vez de actuar. El solamente querrá jugar y disfrutar. Lo que caracterizará la vida será la musa y no el trabajo. El hombre del futuro no cósico no será un trabajador, un homo Faber, sino que será el jugador, el homo ludens”(Han, 2014; 40)

Los síntomas de la sociedad del cansancio y de la transparencia deben considerar a este hombre nuevo que se desata paulatinamente buscando espacios de liberación entre las barreras que lo atan al slogan de mojar la camiseta. El empapar la camiseta no es sino la justificación que se manifiesta en agobio, malestar y, en última instancia, subordinación de la vida privada a lo meramente productivo y a una pérdida de perspectiva del sentido humano del trabajo que, desde nuestra perspectiva, considera tres elementos fundamentales; En primer lugar, éste debe estar orientado a la realización personal. El trabajo debe ser la manifestación de lo que el ser humano hace, debe ser la expresión del hacer propio de la existencia humana. En palabras de Arendt “El trabajo proporciona un artificial mundo de cosas, claramente distintas de todas las circunstancias naturales” (Arendt, 2009; 21) En segundo lugar, es un instrumento de integración social, la vida laboral es una forma de realización de la socialización de la persona. La obra que es producto del trabajo tiene una dimensión de servicio a la comunidad que es lo que le da valor social. Ayuda a humanizar el mundo en el que estamos situados. Se produce para ser consumida por otros, para satisfacer necesidades humanas y así expresar una dimensión de servicio. y, en último término, es el medio de acceso a la renta.

              La armonización del trabajo con la vida privada se ha de transformar en uno de los factores esenciales de la nueva forma de comprender la vinculación de ambas. Según el estudio realizado referente al “equilibrio entre trabajo y vida privada y sus efectos en la salud de los trabajadores” realizado por el Departamento de Salud Ocupacional del Instituto de Salud Pública de Chile, En ella, se establece que las consecuencias para la salud al no lograrse un equilibrio entre la vida privada y la laboral, está asociada , en su  mayor parte al estrés laboral (61,5%) y a la sintomatología de trastornos de músculo esqueléticos o problemas para dormir (18%) y el resto plantea que no conciliar entre trabajo y vida privada podría derivar en depresión, trastornos ansiosos o trastornos depresivos (20,5%).(Ahumada & Díaz, 2022). Esta consideración de complementariedad se vio agravada por la modalidad de teletrabajo, exigida por la necesidad de confinamiento a la que nos vimos sometido por causa de la pandemia COVID 19. Esta modalidad que no tenía regulación normativa, llevó a que se alteraran las condiciones de empleo y a trastocar, en muchas ocasiones, la privacidad del hogar y los horarios destinados a ello. La permanente alteración de la vida privada unida a la angustiante avalancha de información sobre contagios y recontagios, trajo consigo, desde una mirada positiva, el redescubrimiento de los espacios de seguridad que el hogar tenía frente a la pandemia y la oportunidad de realizar sus labores sin exposiciones innecesarias y, en el caso que éstas no se pudieran teletrabajar, se obligó a innovar estrategias para el cuidado del trabajador y de su entorno.

“La pandemia ha tenido, a pesar de sus terribles consecuencias, la virtud de convertir el tema en un elemento esencial del concepto de trabajo decente y en un impulsor de innovaciones institucionales que pueden afianzar la labor de la inspección de trabajo en el futuro” (Rodríguez, 2022)

              El trabajo decente es el que reclama para sí la renuncia silenciosa. El desgaste de la sociedad del rendimiento está dando sus últimas batallas de sobrevivencia. Abrazar una empresa o una actividad laboral se debe hacer bajo condiciones que aseguren el resguardo de las esferas acalladas o ignoradas. Eso implica, entre otras cuestiones, la valoración de los vínculos familiares y de amistad, que se habían visto relativizados por una creciente desconexión ante las demandas del empleo y el afán por escalar posiciones en la empresa. Estudios señalan que cuando las actividades laborales se armonizan con los roles familiares se puede lograr un equilibrio entre ambas esferas y de ello quiere hacerse cargo esta tendencia que se está posicionando en las plataformas laborales y en objeto de preocupación para los expertos de nuestras facultades de economía y en los encargados del área de recursos humanos de las empresas. 

              Un aspecto no menor en este análisis, se desprende de la posibilidad misma de la renuncia. Esta evidencia un nivel de voluntariedad no expresado en las alienaciones anteriores y resulta en un system failure. El sujeto del rendimiento, en la sociedad del cansancio, renuncia a la supuesta utopía de una sociedad perfecta en todos los sentidos. La configuración antropológica detrás de la renuncia silenciosa anticipa una posible crisis del sistema en términos no previstos por el sistema mismo, aunque esto sea un asunto del que es necesario seguir profundizando y estar atentos a sus posibles consecuencias.

Por otro lado, la virtualización de las relaciones interpersonales conlleva una reformulación del modo de encontrarnos como seres humanos. Avanzar a una articulación de las relaciones con los demás, debe reconsiderar al cuerpo, ante todo como “presencia”, una presencia temporal (pasado, presente, futuro) La presencia se refiere sola y exclusivamente a los seres humanos. Las cosas no están presentes. Están simplemente allí. Las cosas tampoco están ausentes, sino que están o no están. El mismo uso lingüístico revela por tanto la percepción del carácter específico de la presencia humana. Hace falta recuperar los lazos de amistad perennes, aunque sean improductivos (Han, 2021; 94) porque aquellos momentáneos sólo consiguen acelerar los espacios de comunicación y promover el consumo. Habrá que salir de esos lazos débiles que socavan las relaciones interpersonales. Ello es posible si somos capaces de salir de nosotros y escuchar al otro, quien verdaderamente escucha, presta atención sin reservas al otro, nos dirá Han (Han, 2021;94) Agrega:

“La debilidad metafísica por el otro es constitutivo de la ética del escuchar como una ética de la responsabilidad. El ego que se fortalece es incapaz de escuchar, porque en todas partes solo se oye hablar a sí mismos.”

El corazón late ante el otro. También encontramos al otro en las cosas queridas. A menudo son un regalo del otro. Hoy no tenemos tiempo para el otro. El tiempo como tiempo del yo nos hace ciegos para el otro. Sólo el tiempo del otro crea los lazos fuertes, la amistad y hasta la comunidad. Es el tiempo bueno.” (Ibid)

Es necesario recoger nuevamente que la forma más elemental de presencia humana está constituida por el hecho de que toda persona pertenece al género humano y se encuentra de este modo inserto en un marco fundamental de comunicabilidad y de reconocimiento necesario. Tiene derecho a ser tratado como ser humano y no como cosa. Es un interlocutor posible de todos los demás hombres. Para una mejor comprensión de la presencia hay que confrontarla con la ausencia correspondiente; la muerte. La muerte significa la ausencia fundamental ya que el individuo deja de estar en el mundo y se encuentra radicalmente separado de la comunicación y de las relaciones interpersonales en el mismo mundo. (Han, 2020,43ss)

Recuperar la relacionalidad como elemento antropológico fundamental, implica una mirada integral a los modos de darse en el mundo; el ser humano es un ser que vive junto con otros y en esa vertiente es posible rejuvenecer en la experiencia de lo humano. El hombre es y existe con otros hombres, vive con otros y son los otros los que condicionan sus actos y confirman su existencia. Recoger la importancia del eros, como donación, como disposición fundamental ayudaría a la sociedad a vincularse en el otro. ¿Qué quiere decir aquello? Empeñarse en la tarea de hacernos responsables unos de otros, a tener una actitud de solidaridad.

La solidaridad como síntesis del amor es una construcción distinta y nueva; “El amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir un mundo desde el punto de vista de los otros, de la diferencia” (Han, 2014; 35). Según Han ese es el papel de la filosofía, y de las disciplinas filosóficas prácticas en particular; realizar el esfuerzo por patologizar la reflexión acerca de lo nuevo. Significa correr el riesgo de salir de sí mismo, pero con pasión nueva, destructora de certezas y conceptos, una filosofía que muestre, sin adueñarse, el misterio. La filosofía, debe ayudar a pensar y caminar al encuentro de aquello que aún no se posee y del que en su origen se muestra como negatividad absoluta; el otro en su verdad. La filosofía es Eros, donde lo deseado excede al deseante y en ese sentido es atopía, es amor.

 

Conclusión

Algunos, con razón, podrán señalar que una tendencia no es necesariamente una orientación definitiva de algo, especialmente en una sociedad donde no hay seguridades en las que afincarse. A pesar de ello, se muestra como una señal de lo que eventualmente se podría manifestar en la sociedad capitalista postfordista, empujada por la producción, maximizando los tiempos de ésta y promoviendo como consigna la fidelización a los ideales de la empresa y del empresario.  La renuncia silenciosa es el desmarque del trabajador post pandemia, cansado de las lógicas del producir para consumir. Es un acto de rebelión que golpea la autoconciencia del sujeto del rendimiento, que lo enfrenta con dimensiones que, por acallarse, aparecen con mayor fuerza porque es propio de sí. Recuperar el espacio de encuentro, resignificar la política, en última instancia, es volcarse al otro y responsabilizarse de él solidariamente. Este nuevo paradigma tendría que asentarse en nuevas formas de organización del trabajo que considere las formas de realización humana que se pueden alcanzar en éste, o dicho en términos negativos, establecer ciertos límites que consideren que la persona es el sujeto del trabajo y que ésta puede también renunciar silenciosamente.

 

Bibliografía

Ahumada M. & Díaz F.(2022) Equilibrio entre trabajo y vida privada y sus efectos en la salud de los trabajadores y trabajadoras, Departamento de Salud Ocupacional, Instituto de Salud Pública de Chile, en https://www.ispch.cl/wp-content/uploads/2022/06/NT-Equilibrio-Vida-Trabajo.pdf

Arendt, Hanna, (2009) La condición humana, 3° reimpresión, Buenos aires, Argentina, Editorial Paidós.

Han, Byung Chul, (2012) La Sociedad del cansancio, Primera edición, 4ta. Reimpresión, Madrid, Herder.

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___________________, (2020), Caras de la muerte, investigaciones filosóficas sobre la muerte, Barcelona España, Ed. Herder.

____________________, (2021) No-cosas quiebras del mundo de hoy, 2° reimpresión, Santiago de Chile, Editorial Taurus     

Heller, Agnes, (1987) La sociología de la Vida cotidiana, 2° Edición, Barcelona, España, Ediciones Península.      

Lorenzo, L. (2022, septiembre 15). ¿Qué hay detrás de la renuncia silenciosa al trabajo? - Siquia Psicólogos Online. Siquia - Psicólogos online. https://www.siquia.com/blog/renuncia-silenciosa/

Meléndez, M. (16 de Septiembre del 2022). ¿Qué es la “renuncia silenciosa”? El polémico fenómeno que traspasa las redes sociales. El tiempo Latino. Recuperado el 06 de Octubre del 2022 de https://eltiempolatino.com/2022/09/16/economia/la-renuncia-silenciosa-un- polemico-concepto-que-estalla-y-traspasa-las-redes-sociales/

Nietzsche, Friedrich, (2000), Sobre el porvenir de nuestras instituciones educativas, Traducción de Carlos Manzano, Barcelona, España, Ediciones Tusquets.   

Rodríguez, María Luz, (2022) Reflexiones sobre el trabajo. Visiones durante la pandemia desde el Cono Sur de América Latina, En revista Trabajo y Derecho, nueva revista de actualidad y relaciones laborales, N° 91 .92.



[1] Ricardo Montes Pérez es Profesor de filosofía y religión por la Universidad Católica del Norte, Magister en Ética Social y Desarrollo Humano por la Universidad Alberto Hurtado y Doctor en filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Se ha desempeñado como académico en las Universidad Pedro de Valdivia y Central de Chile en La Serena, además de académico en la Universidad Católica del Norte, Sedes Coquimbo y Antofagasta. En esta última, ejerciendo varias funciones como director de carrera de pregrado y post titulo, asesor pedagógico en la Escuela de Derecho de la sede. Actualmente es académico de la Catédra de Ética en la Escuela de Negocios Mineros de la Universidad Católica del Norte, Sede Antofagasta y en el Centro de Estudios de la Universidad Católica del Norte CEDUC- UCN

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